Salto. Aquí estoy, viendo cómo el viento acaricia mis cabellos con su inercia pura. «Vamos», me dije, «sal al bosque, allí está la respuesta». En cuanto llegué, pude comprobar que conseguí todo lo que me estaba perdiendo al permanecer encerrada en mi muro interior, tan angosto y estrecho que no me dejaba respirar.
Volé un momento; me sentí como un ave en libertad, sin alas pero con mucha libertad. Al poco rato volví a ser yo, como antes de salir de mi nido. Ahora que estoy frente a un árbol, sonrío como una loca.
Empecé a oír voces de que volviera a mi lugar; no las oí y seguí en este mundo que me transforma en una humana que adora esa vida. Sabes, no cambiaría por nada del mundo esa sensación única que vivo cuando me aproximo a la naturaleza.
Sueño cada momento que las plantas, los árboles y la naturaleza en general son parte de mí. Yo nací así con ellos, lo llevo aquí en mi corazón; siempre estarán conmigo, los amo. Yo sé que ellos también a mí. Vuelvo a la realidad, a la vida cotidiana, y en ese instante conservo esa sensación que vive junto a mí.